Es normal que los tecnófilos nos alegremos, o al menos no nos quejemos, de que los gobiernos obliguen a retirar tecnologías antiguas y obliguen a adoptar sustitutos modernos. Pero dejando eso de lado, ¿la obsesión de los gobiernos por implantar la TDT no tiene algo de absurdo e incluso sospechoso? ¿Por qué tan poco interés en cosas importantes y sin embargo tanto en que...todos veamos mejor la tele?
Se pueden leer argumentos técnicos muy convincentes a favor de la TDT. Son ciertos, y nadie ha venido aquí a discutir que la TDT es tecnológicamente superior. Lo que si que discutiré es lo sospechoso que resulta que se intente borrar de la faz de la tierra a la televisión analógica. Por muy cutre que sea, está sobradamente amortizada, y funciona. ¿Por qué eliminarla, por qué obligar a gastarse dinero en adaptarse para ver unos canales que podrían no interesarte? ¿Exactamente dónde está el problema en dejar que la transición de la TV analógica a la digital discurra lentamente por los cauces del mercado y tome varias décadas? ¿Cometeríamos algunos renegados algún tipo de deshonestidad descuidando de adaptarnos a la TDT y conformándonos en pleno 2030 con ver unos pocos canales analógicos? Imagínense por un momento que se hiciera lo mismo con las radios de casa, de los coches, de los mp3, sería absurdo, las radios serán cutres pero funcionan. Si lo que se quería es dar un impulso a la mejora tecnológica, con algo tan simple como obligar por ley a estar preparadas para la TDT tanto las nuevas televisiones como las nuevas instalaciones de antena se habría logrado bastante; el resto se arreglaría poco a poco ello solito. La transición hubiera sido más progresiva, los precios de los materiales no se hubieran inflado hasta el infinito, expoliando al pueblo y enriqueciendo a unos pocos empresarios y accionistas que se benefician de la demanda artificial creada por el gobierno.
Oh, si, por supuesto que la liberación del espectro analógico permite su reutilización digital en forma de nuevos canales, cadenas, sistemas de comunicación. Guau, me tiemblan las piernas de pensar lo mucho que necesitamos, de lo crítico que es para la civilización occidental y para el bienestar de los pueblos, poder tener aun más canales. Sin duda eso justifica toda la atención de los gobiernos. ¿O no?
Si algo así lo hiciera una empresa privada por iniciativa propia, podrían denunciarla por hacer inservibles los aparatos y obligarte a gastarte dinero extra. Pero los gobiernos no se someten a esos escrutinios. Y no se trata de algo exclusivo de España o la UE, se trata de todos los gobiernos de todo el mundo, puestos de acuerdo en perseguir ese objetivo común de acabar con lo analógico. Intente usted recordar cuando fue la última vez que vio a los gobiernos ser tan eficientes y ponerse tan de acuerdo en un objetivo. Y no me refiero a lo raro que es que no se pongan tantos esfuerzos en arreglar la crisis, atender a ancianos y dar de comer a niños hambrientos. Me refiero a cosas más sencillas y fáciles de solucionar, como los precios del ADSL en España, el canon de la SGAE o el evidentísimo oligopolio de precios de los SMS de los operadores telefónicos, o lo mucho que ha costado -nada menos que una campaña publicitaria televisiva, despues de años de quejas- la señalización de puntos negros de la carretera, o poner guardarrailes que no maten a motoristas. O la culminación de la liberación eléctrica que tuvo fin hace 8 días, algo importantísimo para la sociedad y las familias y las empresas, más aun en tiempo de crisis, pero de la que la mayoría del pais no se ha enterado porque no se ha emitido ni un solo anuncio de televisión, a diferencia de los tropecientos mil que se emiten continuamente recordándonos el apagón analógico. Para que tan solo se reconozca la existencia de esos problemas hay que gritar, rogar, hasta amenazar al gobierno. Pero el proceso de erradicación de la televisión analógica, que es más dificil de solucionar, e infinitamente más molesto para todos los ciudadanos, ya está en proceso de terminarse, y sin que se haya visto un fortísimo interés popular en ello. A la gente no le ha importado la TDT un carajo, se están adaptando porque les obligan, y si el gobierno necesita obligarles por ley es porque por su propio pie no están dispuestos a hacerlo tan rápidamente, no les interesa tanto como al gobierno le gustaría que les interesara.
La única explicación que encuentro a este fenómeno es la enorme influencia de los medios de comunicación sobre los gobiernos; es decir, los lobbies. De ejemplo evidente sirve el sospechoso retraso de la regulación de la TDT de pago en España, que a estas alturas nadie duda que fue por motivaciones políticas. Otros, drogadosparanoicos, dirían que los gobiernos tenían preparada la crisis económica y que la TDT es parte del plan para mantenernos en casa sin quejarnos. Lo que yo tengo claro es que los gobiernos nos tienen demasiado habituados a la ineficacia como para creer ahora que las prisas por el apagón analógico tienen algo que ver con los intereses del pueblo.